Francisco Javier de Balmis y Berenguer fue un hijo y nieto de cirujanos que desde joven siguió con la tradición familiar. A los diecisiete años tras terminar sus estudios secundarios ingresó como practicante en el Hospital Real Militar de Alicante, donde, durante cinco años, se formó trabajando junto al cirujano mayor de dicha institución. En 1775, marcharía junto a la expedición dirigida por el general conde Alejandro de O’Reilly hacia Argel. No fue hasta 1778 cuando consiguió el título de cirujano en Valencia.
Sirvió en el sitio de Gibraltar como segundo ayudante de cirugía una vez que fue cirujano militar y el 8 de abril de 1781 fue destinado al regimiento de Zamora. Con este regimiento, viajó a América por primera vez en la expedición del marqués del Socorro. Allí estuvo diez años donde fue cirujano mayor en el Hospital de San Juan de Dios y cuando este hospital se unió al de San Andrés en 1790 se convirtió en el director de la sala de gálicos.
Durante estos años Balmis no paró de ampliar sus conocimientos y estudiar. Se graduó en Artes por la Universidad de México en 1787 y durante 1788 decidió viajar y dejó su servicio en el ejército. Durante sus viajes estudiaba las plantas autóctonas e investigó la materia médica tradicional de los indígenas. Esto hizo que en 1974 publicase el Tratado de las virtudes del agave y la begonia que se basaba en remedios para algunas enfermedades venéreas
Cuando regresó a España en 1978, Balmis se graduó en medicina por la Real Universidad de Toledo,y fue nombrado cirujano honorario de cámara de Carlos IV. Obtuvo en Madrid tras tres años el título de doctor en Medicina y este ascenso le permitió incorporarse a la Academia Médica Matritense. Una vez allí solicitaron sus servicios en Nueva España emprendiendo un nuevo viaje.
En 1803 recibió el nombramiento de director en la Real Expedición marítima de la Vacuna. La expedición dirigida por Balmis, partió de La Coruña el 30 de noviembre de 1803. Recorrería el mundo durante 3 años, entre 1803 y 1806, propagando la vacuna antivariólica por territorios de América y algunas zonas de Asia, a veces ante la escasa colaboración de las autoridades.
La corbeta María Pita estaba compuesta por dos cirujanos, cinco médicos, tres enfermeros y 22 niños expósitos, todos bajo la dirección de Francisco Javier Balmis, y como subdirector José Salvany Lleopart.
Lo que resultaba difícil en aquella época era mantener en condiciones el suero de vacunación que solo tenía efecto mientras el virus estuviese activo y se conocía que en América no había vacas con las que se pudieran practicar estas técnicas.
La solución que propuso Barmis fue el Transporte humano en vivo, pues iría a borde un grupo de personas no vacunadas en las que a dos de estas se les inocularía el virus y se los pasaría al resto. Cuando ya acabase el proceso patológico se les extraería el líquido de sus pústulas y se les administraría a otras dos personas, así sucesivamente hasta llegar a Nueva España. Balmis no buscó candidatos voluntarios sino que llevó a veintidós niños huérfanos de entre tres y nueve años.
Además del virus inoculado en los niños, la corbeta transportaba una carga de linfa de vacuna guardado entre placas de vidrio selladas, y miles de ejemplares del Tratado práctico e histórico de la vacuna, de Moreau de la Sarthe que explicaba cómo vacunar y conservar la linfa. La intención no era solamente vacunar a la población local, sino establecer juntas de vacunación en las ciudades visitadas que garantizasen la conservación del fluido y la vacunación a las generaciones futuras.
La misión consiguió llevar la vacuna hasta las islas Canarias, Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú, Nueva España, las Filipinas y China.
En 1806, tras la Expedición, vuelve a Madrid donde se le reconoce como un héroe y sigue trabajando con la vacuna. Durante la invasión napoleónica, Balmis apoya a la Junta de Aranjuez y se opone a José I. Debido a la fuerte represión, Balmis es perseguido, sus bienes son confiscados y se ve obligado a mudarse a Sevilla. En 1809 vuelve a irse a México con el fin de evaluar los resultados de la propagación de la vacuna después de la Real Expedición, ya que las noticias advertían que el precioso fluido que preservaba de las viruelas naturales se iba extinguiendo y finalmente vuelve a la Península a finales del año 1812.
En sus últimos años recibe varios nombramientos: es nombrado vocal de la Real Junta Superior Gubernativa de Cirugía, académico de la sección de Cirugía la Academia Médica Matritense, Clavero del fondo de la Facultad de Medicina en representación de la Junta.
Finalmente, muere en Madrid el día 12 de febrero de 1819.
Autor: María Guerrero Lozano



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