Hepatitis B

La hepatitis B es causada por el virus de la hepatitis B. 

Es una forma viral de hepatitis, transmitida principalmente por contacto con sangre, semen u otros fluidos corporales de personas infectadas. Puede ser aguda (de corta duración) o crónica (de larga duración). La hepatitis B aguda puede resolverse sin tratamiento, pero la crónica puede provocar complicaciones graves como cirrosis, cáncer hepático o insuficiencia hepática.

La mayor parte de las personas (sobre todo niños y niñas pequeños) tiene alta probabilidad de infecciones crónicas aunque al inicio suele carecer de síntomas, apareciendo meses después de la infección. Los síntomas que presentan al inicio son causa del daño agudo del hígado son mayoritariamente cansancio extremo, náuseas, dolor abdominal, coloración amarillenta de piel y ojos (Ictericia), Cuando se cronifica aparecen daño grave en el hígado (cirrosis), cáncer o incluso muerte. Aunque mayoritariamente aparecen de 1 a 3 meses.

La hepatitis B se transmite en múltiples formas, las más frecuente es el contacto mayoritariamente en el ámbito familiar, con la sangre o secreciones de una persona infectada. También puede transimitirse por relaciones sexuales sin protección, uso de drogas inyectables y a través del parte madre-hija, mayormente en países donde no existe un buen control prenatal.

Las personas infectadas por el virus de la hepatitis B van  a transmitir durante el tiempo de la infección, pero cabe destacar que una vez que la infección ha pasado y se ha curado no son contagiosos.

Se diagnostica a través de una evaluación médica y análisis de sangre que identifican el virus y miden el estado del hígado. Para la hepatitis B aguda, generalmente no se necesita tratamiento específico, ya que el sistema inmunológico suele controlar el virus por sí mismo. Para la hepatitis B crónica, es posible que se necesitan antivirales si el hígado presenta daños.

Se ha desarrollado y se encuentra en los calendarios vacunales la vacuna contra la hepatitis B, que es fundamental para prevenir infecciones, especialmente en bebés y personas con riesgo alto de exposición.

Las vacunas frente a la hepatitis B son vacunas inactivadas; de forma que no contienen ni virus vivos ni material genético por lo que no pueden producir la enfermedad, pero sí mantienen su capacidad de estimular la producción de defensas (anticuerpos) frente a ella.

Existen pautas de vacunación. En los bebés se le administra la primera al nacer, seguida de una serie que se completa entre los 6 y 18 meses de vida. La aplicación temprana es crucial para reducir riesgos de infección prolongada.

Si hay personas hasta 59 años se recomienda la vacunación si aún no la han recibido.

Para los adultos de 60 años o más se sugiere la vacunación a aquellos con alto riesgo de exposición (por ejemplo, trabajadores de la salud) que no hayan sido vacunados anteriormente, aunque cualquier persona mayor puede optar por vacunarse.

La vacuna puede darse sola o como parte de una vacuna combinada, y es segura de administrar junto con otras vacunas. Los esquemas de la vacuna pueden consistir en 2, 3 o 4 dosis, adaptándose según la edad y las necesidades del paciente.

Autora:

María Guerrero Lozano
mariaguerrero@usal.es


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